Pregunta: ¿Fue el huracán Sandy, que tocó tierra en Estados Unidos hace poco más de un mes, un gran desastre, o un desastre menor? ¿Y las inundaciones de 2012 en el brasileño Estado de Alagoas contarían como un gran desastre? Evidentemente, es imposible responder a estas preguntas sin tener en cuenta algunos datos significativos. Esto implica una revisión a fondo del impacto económico global de cada desastre y el número total de víctimas mortales. Para ilustrar mi punto de vista, propongo un pequeño ejercicio:
¿Se acuerdan de Thomas Edison? ¿El inventor del bombillo eléctrico, cuya fama también se debe a la transpiración? No me tomen a mal. Me refiero a su célebre dicho sobre cómo las grandes cosas suceden con 1% inspiración y 99% transpiración.
Si aplicamos la frase de Edison al mundo de la gestión de riesgos de desastres, nos encontraremos con que muchos de nosotros tenemos buenas ideas pero, en la mayoría, fallamos en implementarlas. Para parafrasear a Edison generalmente nos quedamos en el 1% y por alguna razón no alcanzamos el restante 99%.La muestra de ello está en el panorama actual de América Latina y el Caribe. El costo estimado del impacto de los impactos de eventos naturales adversos en la región es más de US$2,000 millones por año.
El terremoto en Costa Rica ha causado graves daños, que incluyen importantes instalaciones nacionales como el sistema de agua potable. Más de 1.3 millones de habitantes de San José dependen de este sistema para su consumo diario de agua. La buena noticia es que el suministro del vital elemento está garantizado, con lo cual se salvan vidas y también incomodidades.
Imagínese esta buena noticia en medio de un desastre –aunque ficcional --como el descrito.
Es más. Si usted es ingeniero como yo, imagínese que el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (o AyA, agencia de agua potable del gobierno) informara que, si bien 15% de su infraestructura sufrió daños considerables por el terremoto, no están comprometidos componentes vitales del sistema como tanque elevados y estaciones de bombeo.
Con lo cual no se suspendería la provisión de agua en la Gran Área Metropolitana de San José de Costa Rica. En realidad este es el tipo de reporte –de prensa o técnico- que yo esperaría encontrar si continúa el proceso de prevención de riesgos de desastre que dicha agencia gubernamental actualmente está desarrollando.
A estas alturas del debate sobre Manejo de Riesgos Naturales, ya hay consenso en que los desastres, mal llamados "naturales", son en realidad un problema de pobre planificación o falta de ella.Y esto es algo que tiene consecuencias enormes en términos de vidas y costos materiales. No hay sino que ver la declaración del grupo de los G-20 en su cumbre de Los Cabos, México, para darse cuenta de la dimensión del problema.
En vista del alarmante aumento de pérdidas humanas y económicas por los desastres, los líderes de las economías más grandes del mundo llamaron la atención sobre la gestión del riesgo de desastres como componente de la política de desarrollo.
En 2011 se registraron en el mundo pérdidas sin precedentes, que llegarían a los US$380,000 millones.
La realidad es que los eventos naturales adversos continuarán sucediendo y los impactos negativos en nuestras sociedades dependen del grado de preparación y planificación para enfrentarlos.
CAPRA: Una necesidad del Asia en desarrollo
Una experiencia vivida de cerca:
Siempre he tenido un profundo interés en aprender todo lo concerniente a CAPRA. Este sistema me llamó especialmente la atención por tratarse de una herramienta de código abierto con la capacidad de manejar análisis probabilistas. En octubre de 2011 me vi obligado a trasladarme a otra parte de Tailandia debido a que las devastadoras inundaciones nos ahuyentaron a todos de nuestro entrañable Instituto Asiático de Tecnología, una universidad internacional. Fue la primera vez que me enfrenté bien de cerca a una catástrofe natural y tuve la oportunidad de compartir los sentimientos de millones de personas afectadas de todas partes del mundo, pues de otra forma me habría limitado a observarlo como un espectador más de los noticieros. El equipo de CAPRA llegó a Bangkok trayendo una iniciativa de Francis Ghesquiere, del Banco Mundial y del Dr. Manzul Hazarika de GIC, AIT y yo fui una de las pocas personas del primer grupo que asistió a la capacitación de cinco días en Bangkok, entre el 28 de noviembre y el 2 de diciembre de 2011. Lo primero que pensé luego de terminada la capacitación fue: “¡Qué buena experiencia! Alguien debe haber dedicado un gran esfuerzo en la producción de una herramienta como ésta”.
Fue apenas en abril de 2012 cuando tuve otra oportunidad de acercarme un poco más a quienes habían trabajado con ahínco y sin tregua en el desarrollo de la plataforma CAPRA. El 14 abril inicié en Bangkok el viaje que me llevaría a Barcelona y más precisamente a la UPC, donde algunos de los desarrolladores de CAPRA procedentes de Bogotá que llevan a cabo investigaciones nos dieron la bienvenida y nos proporcionaron conocimientos avanzados de CAPRA
La importante diferencia entre desastres y riesgos
Estamos acostumbrados a oír indiscriminadamente los términos desastres, catástrofe, riesgo, vulnerabilidad, peligro, amenaza. Si bien es cierto todos tienen connotaciones negativas, en el imaginario de la gente, cada uno de ellos tiene un significado e implicaciones diferentes. Por ejemplo es muy distinto la gestión del desastre que la gestión de los riesgos, ya volveremos a esto.
Un desastre es una situación adversa causada por el impacto de un evento natural o por la incidencia del hombre, que durante un período de tiempo determinado causó daños y perjuicios al ambiente superiores a los que una comunidad pueda recuperarse por si sola. Cuando las pérdidas son menores, nos referimos generalmente a una emergencia. Cuando el evento es de gran magnitud, o tiene implicaciones fuera de lo normal, se le llama catástrofe. Hablamos de desastres cuando un evento potencialmente negativo ocurre a lo cual se le suma una variable de vulnerabilidad, y no existe una posibilidad real para evitarlo.
El riesgo es la probabilidad de que un evento natural, tecnológico o socio-natural ocurra en una sociedad con un alto nivel de vulnerabilidad y cause pérdidas humanas, de infraestructura, económicas, o financieras. El riesgo está compuesto por varios elementos, principalmente la amenaza o peligro (por ejemplo, tsunami, huracán, fuertes lluvias, accidente tecnológico, etc.), y los elementos expuestos, así como su nivel de vulnerabilidad ante un evento (por ejemplo, casas mal construidas, construcciones en los cauces de los ríos, sociedades carentes de redes de seguridad económica, etc.).
El Instituto Geofísico del Perú desarrolló, bajo la supervisión y asistencia técnica de ERN Latinoamérica, con financiamiento del Banco Mundial, el modelo de amenaza sísmica del Perú, insumo necesario para generar el mapa de Amenaza Sísmica del país. Aunque ya ha habido estudios particulares en diversas instituciones al respecto, se espera que el desarrollo realizado por el IGP sea considerado oficial y, por lo tanto, sea utilizado como una referencia formal en todos los proyectos y estudios de amenaza o riesgo que se efectúen en el Perú.
Un mapa de amenaza sísmica es una representación de la intensidad con que los sismos pueden afectar a un punto específico del territorio. En ese sentido, la utilidad del mapa realizado por el IGP no se limita a los estudios de riesgo, sino que también es un insumo importante para la determinación de los niveles aceptables de comportamiento de estructuras, y por lo tanto, de los niveles de resistencia de diseño que se debe exigir a las construcciones en el Perú. Es decir, este mapa debe ser incluido al menos como referencia en la norma de diseño sismorresistente E030, del Reglamento Nacional de Edificaciones del Perú.
La experiencia de CAPRA en Costa Rica
En Costa Rica, el modelaje estocástico de amenazas de la Naturaleza, en general, y CAPRA, en particular, han sido vistos y usados como una oportunidad para aumentar el conocimiento sobre las amenazas de la Naturaleza y buscar formas para tratar con ellas.
Ya se han obtenido varios adelantos, dentro del marco del proceso de Administración de Riesgo por Desastres, en tres estimulantes actividades:
- El diseño de un “Vehículo de Transferencia del Riesgo Catastrófico” (el VTRC).
- El Decreto Presidencial No. 36721-MP-PLAN: “Creación del Modelo de Vulnerabilidad ante el Riesgo de Desastres, Aplicable a Amenazas Naturales” (el Decreto).
- Un Proyecto de Asistencia Técnica con Acueductos y Alcantarillados (AyA) que es la institución encargada del sistema nacional de Agua Potable y Saneamiento (TAP AyA)
El VTRC ofrece una estrategia de transferencia del riesgo basada en un esquema de tres capas (Reservas, garantía del GdCR por medio de un instrumento del tipo DDO y reaseguro). Cuando dicha estrategia esté implementada, el GdCR podrá tener asegurados sus activos fijos más importantes contra la amenaza de sismo y con un costo eficiente. Más detalles en: http://dl.dropbox.com/u/61045281/Insuring%20the%20Economy.ppt.
Los llamados "desastres naturales" no son imprevisibles
No hay dos terremotos en el mundo que causen igual daño, de acuerdo a los científicos. Esto es particularmente cierto en América Latina, una tierra de contrastes. Mientras que en el 2010 un terremoto de grado 7 en la escala de Richter desoló a Haití, cobrando casi un cuarto de millón de vidas, en México, hace unas pocas semanas, un terremoto de similar magnitud (7.4) apenas causó grietas y unos pocos heridos.La diferencia entre la tragedia de unos y el susto de otros es la preparación para enfrentar los llamados "desastres naturales" –se trate de terremotos, huracanes, aludes o inundaciones.
Aún cuando no hay nada que se pueda hacer para evitar estos fenómenos naturales –como muestra este mapa- lo cierto es que no hay razón por la que las consecuencias tengan que ser inevitablemente desastrosas.América Latina ha hecho avances significativos para comprender y gestionar mejor los fenómenos naturales en las últimas décadas. Así como México, otros países de la región que incluyen a Chile, Colombia y Costa Rica, han mejorado su capacidad para predecir algunos riesgos, prepararse para emergencias y manejarlas. Con algunas excepciones regionales, menos personas mueren por este tipo de eventos hoy que hace tan sólo una década atrás, en gran parte debido a la mejora de las políticas de gestión de desastres, los sistemas de alerta temprana y la organización de respuesta a emergencias.
Por qué hacer análisis probabilista de riesgos?
Propongo, para su discusión, tres razones:
1) Cualquiera que sea nuestra visión ideológica de los desastres y sus causas, todos estaríamos de acuerdo en que puede establecerse una escala de preferencias tal que, para una frecuencia de ocurrencia dada (digamos, desastres que ocurren una vez cada diez años), preferimos un desastre de consecuencias pequeñas a un desastre de grandes consecuencias. Es relevante, pues, el tamaño de un desastre y estamos obligados a establecer maneras de medir este tamaño.
2) También, para un tamaño de desastre dado, preferiríamos que éste ocurra poco frecuentemente a que ocurra muy frecuentemente. Es relevante, por tanto, la frecuencia de ocurrencia de un desastre, y tenemos que tomarla en cuenta en cualquier estimación de riesgo que hagamos.













